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Un jurado popular absuelve al policía Ceutí por considerar que actuó en defensa propia

El tribunal estima que la víctima, que murió al recibir un disparo del agente, mostraba una actitud «agresiva»

Francisco José Cano salió ayer del Palacio de Justicia de Murcia envuelto en los vítores de sus familiares y amigos y con una sentencia absolutoria bajo el brazo. El carácter templado y los ojos transparentes de este policía local de Ceutí han logrado convencer al jurado popular que seguía su caso desde el pasado viernes y que ayer le consideró inocente.

Durante cerca de tres años ha pesado sobre él la muerte de Visvaldas Felmanis, un joven lituano de 26 años, al que abatió de un tiro en el pecho en el transcurso de una patrulla la madrugada del 2 de julio de 2007. «Han sido tres años de mucho sufrimiento para mí y para mi familia», confesó ayer a su salida de los juzgados. «Ahora sólo quiero ir a casa y dormir. Descansar».

Un sonoro aplauso recibió ayer el veredicto del tribunal popular que absolvía a Francisco. El jurado consideró que el policía local actuó movido «por la necesidad de defenderse a sí mismo y a los demás» y que «no tuvo la intención de acabar con la vida del joven», por lo que lo declaró inocente. El tribunal estimó, asimismo, que Visvaldas mostraba aquella noche «una actitud agresiva» -tal y como reconocieron en el transcurso del juicio múltiples testigos- y que la calle donde se produjo el disparo mortal «no se encontraba suficientemente iluminada» para que Francisco pudiera discernir con claridad la magnitud del peligro que la víctima suponía.

«Yo siempre he tenido claro que es lo que sucedió, pero luego es necesario que la gente entienda tu situación en cada momento. No tenía ninguna certeza». Francisco José Cano recibió ayer el calor de los suyos con una media sonrisa. Su abogado, Manuel Martínez Ripoll, fue aclamado por los ceutienses que se agolpaban ante los juzgados. «Ha sido un alivio muy grande». La alegría de este policía local y su familia sólo puede verse empañada en el caso de que la Fiscalía, que pedía una pena de 10 años de prisión, opte ahora por recurrir la decisión del jurado. Una decisión que el Ministerio Público se reserva.

En la lectura del veredicto brilló por su ausencia la presencia de familiares de Visvaldas Felmanis, la víctima. Su novia, testigo directa del crimen, no acudió al juicio -pese a estar citada- al encontrarse en paradero desconocido. Nadie reivindicó ayer su memoria.

Tras este final feliz para Francisco, su primer deseo ayer era «descansar». «Ahora vamos a dormir y luego ya se verá», explicaba tras salir del Palacio de Justicia. Una aspiración que ayer, a buen seguro, tuvo difícil dado el caluroso recibimiento que su pueblo le brindó. Regresar a la Policía Local de Ceutí es otro de sus proyectos. «Volveré al trabajo poco a poco», afirmó. «Quiero agradecer el apoyo que me ha dado el Ayuntamiento y todo mi pueblo. Ha sido increíble».

Las claves del juicio

El «calvario» de este policía local arrancó la madrugada del 2 de julio de 2007 cuando una vecina de Ceutí le avisó por teléfono de que en el pub ‘Bulebar’ había ‘estallado’ una pelea. Francisco iba aquella noche acompañado de un agente en prácticas que patrullaba aquella noche por vez primera. La novia de Visvaldas trabajaba en ese conocido local y, al parecer, éste había mantenido una riña con varios clientes. Con éstos precisamente se tropezó la pareja de policía a su llegada al local. «Uno de ellos nos dijo que le había agarrado del cuello y le había lanzado», explicó Francisco. «Otro nos comentó que había tratado de agredirle con un palo de billar».

Tras adentrarse en el bar, Francisco y su compañero fueron, según explicó éste, insultados y amenazados de muerte por la víctima. «Nos decía ‘no me dais miedo. Si os tengo que matar os mato’», explicó al jurado. La novia de Visvaldas explicó a los policías que había tenido una fuerte discusión con él y que quería que se marchase de la vivienda que ambos compartían. Una opción a la que Visvaldas, tras mucho pelear, accedió.

Una vez en la vivienda, la víctima decidió no llevarse ninguna de sus pertenencias y salió a la calle. Los agentes fueron tras él y observaron como éste se adentraba en una obra cercana y agarraba un ladrillo. Éste fue uno de los puntos clave del juicio. Pese a que el ladrillo nunca apareció, el jurado estima que la calle estaba suficientemente oscura como para que Francisco, y su compañero, equivocaran el objeto de la agresión. «Le di el alto varias veces pero él seguía acercándose. Disparé una vez al suelo, pero no se detuvo», explicó Francisco. «Levanté el arma cuando se me vino encima».

El tiro que escapó de su pistola no ha dejado de resonar en los dos últimos años.

Fuente: Policialocal.wordpress.com

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